5/10/11

diario de noticias

El sueño truncado de Miguel


La escuela navarra de teatro decide no readmitir a miguel sorroche, con parálisis cerebral.




Miguel supo ayer que este año no podrá acudir a la Escuela Navarra de Teatro.

"Me encanta el teatro. El curso pasado me apunté en la Escuela Navarra de Teatro a un curso de interpretación corporal y me sentí muy bien, muy cómodo. Mi profesora, Mercedes, me comprendía, sabía lo que me pasaba... Era muy maja. Pero hoy he llegado a casa después del instituto y mis padres me han dicho que no me admiten porque tienen miedo a que me caiga. Pero, ¡vamos a ver! las caídas son propias de la parálisis cerebral, no se tienen que asustar".



Este es Miguel Sorroche Sibón, un chico de 20 años que desde ayer tiene un "cabreo" monumental porque este curso le han impedido hacer lo que más le gusta en la vida: interpretar. El motivo, afirman sus padres, una parálisis cerebral que sufre desde que nació pero que hoy en día le permite hacer una vida independiente. "Voy solo al instituto, a la piscina, a pintura... Cuando me caigo me levanto con estilo", afirma este joven, que estudia el último curso de Ayundante de Administración, un Programa de Cualificación Inicial Especial, en el IES Mª Ana Sanz.
Su afición al teatro le viene desde pequeño, pero no fue hasta los 18 años cuando se matriculó en la Fundación Atena Psicoballet y después en la Escuela Navarra de Teatro. "Ahora iba repetir primer curso porque la escuela obliga a los alumnos a hacer dos años antes de pasar a segundo. Llamé para preguntar y me comentaron que tenían que hablar con nosotros", recuerda su madre Inmaculada. En la reunión que mantuvieron con las responsables del centro, explica su marido, "me dijeron que tenían un problema casi de filosofía, de si aceptar o no a personas de este tipo, porque según ellas no tienen recursos ni están preparadas para atender a personas con discapacidad". Pero esta familia no lo entiende. "No se puede decir que no a un grupo, tienen que ver caso a caso", remarca Miguel, que añade que "el año pasado no tuvimos ningún problema. Parece que en la escuela tuvieron algunas dudas pero como ya estaba inscrito no hicieron nada. Y este año sí se han atrevido".
Ni sus padres ni el propio Miguel comprenden qué ha cambiado. "Le conocen y saben que funciona. No tienen que hacer nada especial, como se comprobó el año pasado. La presencia de Miguel no altera los objetivos pedagógicos ni la organización del centro", afirma su padre y añade "piensan que decidimos sobre él pero no es así. Fue él quien nos dijo que quería aprender teatro con texto, que quería interpretar. Para él no es una actividad para ocupar dos horas a la semana. Lo vive y, como les dije a la directora y a la subdirectora: "Si no asumís el riesgo (entre comillas) de hacerle daño, lo vais a matar".

discriminación: Para esta familia es cuestión de voluntad. "Las responsables de la escuela dicen que no quieren hacerle daño pero yo creo que tienen miedo. Pero eso no es mi problema ni el de mi hijo", opina este padre y asegura que "el daño se lo hacen si no le dejan entrar". Entonces interviene el propio afectado: "Me han hecho daño personalmente. Hay personas que ven las cosas por fuera pero no las ve por dentro".



En opinión de los padres de Miguel, que tienen otros dos hijos de 22 y 17 años, la Escuela Navarra de Teatro está actuando de forma discriminatoria. "Si pones un requisito previo a la entrada de una persona eso es discriminación. Así lo pensaríamos si esto ocurriese con una persona negra o de etnia gitana. Tienen miedo por su piel, y en este caso su piel es la discapacidad", afirma su padre, que añade que "por tener una discapacidad Miguel tendrá que demostrar siempre que puede hacer las cosas, algo que no se le pide al resto. Nadie les facilita el pequeño gesto que necesita para llevar una vida normalizada. Y luego vienen diciendo que hay que integrar", lamentan sus padres. Sus derechos "están pisoteados". "Puede votar, lo hizo en mayo, pero no puede hacer teatro".



Miguel está harto. "Llevo sufriendo el tema del miedo desde pequeño. ¿Ahora tampoco voy a poder salir a la calle porque la gente tiene miedo?", concluye Miguel que confía en que la escuela le cumplir su sueño. El centro, por su parte, declinó "de momento" hacer declaraciones.

yo quiero decir que esto lo que está haciendo la escuela es discriminatorío, por que todas las personas tenemos derecho a hacer sus govis que más le guste a esa persona. Cuando he llegado a casa mis padres me dijeron que la escuela se está planteando admitirme.

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