13/10/14

Mi mano absurda

Una tarde, una hermosa princesa se dejaba caer sobre la lluvia. Fue entonces cuando me invitó a comer.

Unas horas más tarde en el día tan soleado, era tan soleado que no sé si llovía para arriba o para abajo. El caso es que íbamos tan pinchos dando un voltio.

En aquel entonces, ella me agarró de la mano absurda. Era mejor que me agarrase de la mano adiestrada.

Dando un paseo se me ocurrió jugar al Pinball. El juego consistía en ver cuánto tiempo tardaba en llegar al suelo.

Le dije -Nena cronométrame-, tardé cero coma en llegar al suelo. Los dos partido el eje de la risa caminamos por Pamplona hasta que llegó la hora de irnos cada uno a su casa.

By Michael Sorroche con un poco de sentido del humor.

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